Soy de las únicas personas que seguramente decidió dejar de pelar con sus demonios. Deje de atormentarme a mi misma y deje de darles el gusto de verme sufrir.
Ahora esos demonios viven conmigo como un alterego. Hay veces en que nos sentamos a tomar café y llenar una o dos hojas con poesía. Y otras veces nos quedamos llorando en la cama y maldiciendo a medio mundo.
Verán, mis demonios y yo hicimos las paces. Incluso me atrevo a decir que la estamos pasando bien. Sólo espero que cuando llegue alguien más con sus propios demonios los míos no los quieran asesinar o peor: enamorarse de ellos.
Anécdotas de un Encuentro Accidentado, Una Escritora Amateur (via una-escritora-amateur)