Sólo fui una de las seis locas de tu guitarra. Cerré bares por si aparecías y me engañé con cualquiera que se llamara como tú o tocara algún instrumento.
¿Por qué tú?
¿Por qué yo?
¿Por qué te fuiste?
No sé por qué me obsesioné contigo, la verdad. Sólo sé que me sentía excitada y vulnerable a partes iguales.
Esa era la triste verdad (de mi cuerpo sobre el tuyo). La triste verdad, y uno de esos polvos,
de los sin querer queriendo, pero sin querernos,
de los de ven a mi casa a follar que tengo que hablar contigo,
de los de no quiero nada serio (mejor de risa),
de lencería de encaje (de nada encaja entre nosotros, pero quítate todo),
de los de “te puedo”, en vez de “te quiero”. Y luego me tocó a mí ver el desastre que montamos los dos,
que si dilemas sexo-amor,
que si cuídate (cuídame tú, gilipollas),
que si beso frío de despedida (y recuerdos calientes),
y tranquilo que ya lloraré sin que te enteres con otro. No me quedó otra que escribir, y mentirme, y joderme. “Él era de los que hablaban de amor pero sólo sabía follar,
y ella follaba para desaprender a amar.
Satisficieron su deseo pero no sus soledades”. Él tuvo prisa y no pensó lo suficiente. Ella pensó demasiado y tuvo miedo.Soy así, dejadme:
¿Soñadora?
Insatisfecha…
Enferma.
No me llores que ya eres mayor. (via hachedesilencio)