Hoy salí de casa.

Vi a unas personas que dicen ser adultos.

Me di cuenta de que no había brillo en sus miradas.

Tampoco había emoción en sus gestos.

Realmente los vi muertos.

Carentes de felicidad y alegría.

Y hablé con ellos.

Percatándome de que tampoco tenían sueños o ilusiones.

Sólo trabajo por hacer, deudas y problemas.

A veces no hace falta morirse para dejar de tener vida.

Sólo basta con dejar de soñar.

Yo no quiero ser así.

Quiero soñar siempre y hacer de mis sueños, realidades.

María Celeste R. (via maricel-enamoradadeloslibros)

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