Ayer necesitaba un abrazo. De verdad lo necesitaba. Uno apretado, apasionado, emocionante, que me hiciera salir de esos extraños sentimientos que acongojaban mi corazón. Y a pesar de estar en medio de tanta gente, miré a un lado, miraba al otro, y definitivamente nadie podía darme esa emotividad que estaba necesitando sentir.