Soy ese tipo de mujer a la cual el calificativo «complicada» le calza a la perfección. Nunca estoy conforme y probablemente pienso demasiado las cosas. Cuando algo me molesta, me enfado con todo el mundo. Cuando estoy triste me alejo de todo y de todos. Cuando estoy feliz no suelo expresarlo mucho, pero la mirada me delata. Soy una come-libros, no negaré lo obvio. Mi habitación tiene más libros de los que puedo recordar en este momento, y me encanta eso. Y creo que todas tenemos ese objeto que nos recuerda muchísimo a alguien.

En mi caso es un libro. Y soy tan «complicada» que lo leo cada vez que estoy triste o molesta, por el simple placer de revivir las mismas emociones una y otra vez. Lo «masoquista» del asunto es que lo leo a sabiendas de que su protagonista es casi un gemelo de él. Cada palabra, cada acción y cada gesto es tan suyo que duele. Pero me place leer ese dolor, sentirlo, hacerlo «mío». Porque sé, por deprimente que suene, que es la única manera de que él me pertenezca. Y amo el libro casi tanto como lo amo a él. Soy una maldita obsesiva, y no me importa; lo he leído más de seis veces y sigo llorando en las mismas partes. Es mi «guilty pleasure» y no me importa lo masoquista que es.

Me brinda un poco de consuelo. Y en este momento «poco» es más que suficiente.

Habló el silencio, Natasha Castello. (via desde-mis-alas)

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